Después del primer vuelo de la patrulla de jets y como la lluvia no aparecía, las actividades se empezaron a desarrollar de forma frenética ya que las previsiones del tiempo eran malas y había que aprovechar al máximo la sequía.
Los invitados empezaron a participar en vuelos de las demás patrullas de Breitling: Los “Angels” y los “Devils”. Después de lo visto, se podrían intercambiar el nombre sin desentonar.



En la inscripción de las actividades había jugado todas mis opciones a una sola carta, los jets, y me tocó. Por tanto no puedo quejarme, pero obviamente me quede fuera de poder volar en estos aparatos.
Esta es la visión que se supone que uno tiene durante el vuelo con los “Angels”

Otra actividad inesperada y sorprendente era volar literalmente “atado” a una especie de silla instalada en el ala superior de un biplano.
Según los comentarios de los que se atrevieron resultó más molesto que impresionante, principalmente debido al aire que empujaba las piernas hacia atrás. Al día siguiente todos tenían agujetas en las piernas de la fuerza realizada para mantenerlas sobre el ala.
Así los instalaban:



Y así volaban:

A eso de las 12, horario muy suizo, se interrumpieron las actividades para comer. Breitling nos tenía preparada una inmensa carpa con un bufete exquisito.

A media comida se desató una tempestad de mucho cuidado y la cortina de agua que cayó fue impresionante. Las previsiones se cumplían.
Pero como por arte de magia, a las 13:30 apareció el sol de nuevo. Los dioses estaban con nosotros. Solo había llovido mientras no se desarrollaban actividades.
A pesar de ello, los pilotos se tomaron un tiempo para asegurarse de que no era una tregua temporal.


Como todo se mantenía en calma, e incluso la lluvia había despejado el cielo, se decidió proceder a efectuar los primeros saltos en paracaídas. Desafortunadamente la lista de espera era larga y tampoco pude participar.
Los monitores, después de equipar debidamente a los participantes, les instruían sobre la posición que debían adoptar durante la caída libre:


Acto seguido, apareció la avioneta que los había de llevar al “matadero”


A través de un monitor, instalado en la carpa y de una cámara instalada en la avioneta, se podía ver en directo las caras de preocupación de los “saltantes” antes de lanzarse al vacío.
Por suerte, quedaban dos actividades en las que si pude participar, ya que por volumen y por su sencillez requerían menos parafernalia y por tanto menos tiempo de preparación que las demás.
La primera fue volar en un Superconstellation, un enorme avión de hélice que se creo con fines de transporte militar y que una vez terminada la segunda guerra mundial se adaptó al transporte civil de pasajeros. Al parecer solo quedan dos de estos aparatos operativos en todo el mundo; uno en Australia y el de Breitling.


Como se puede observar en las imágenes, poco tiene que ver la instrumentación de este aparato con los aviones comerciales actuales. Eso si, el espacio y la comodidad es muy superior, algo fácil por otra parte.

A pesar de distar mucho de las emociones de volar en jet, el vuelo resultó muy constructivo e interesante. El proceso para encender los motores uno a uno es muy entretenido y largo.
Durante el vuelo nos dejaron campar por el avión a nuestras anchas. Incluso se podía visitar la cabina de los pilotos sin problema.



Mi tercera y última actividad fue un vuelo en helicóptero. Tengo que confesar que me decepcionó bastante, ya que mi experiencia en estos aparatos era bastante “acrobática” y el vuelo que realizamos fue muy plácido y sin florituras.



Justo aterrizar ya tuvimos que dejar el aeródromo pues nos esperaban dos horas de viaje hasta el hotel de Neuchatel, población cercana a la primera de las instalaciones de Breitling que íbamos a visitar el día siguiente.
Fue un día realmente único e inolvidable, pero lo que nos esperaba al día siguiente no sería menos interesante, e incluso lo calificaría de sorprendente.
Pronto (espero que con menos retraso) lo publicaremos en el tercer capítulo de este magnífico evento Breitling.